miércoles, 1 de marzo de 2017

El lijador, el gran olvidado.


Seguro que si te digo que me digas el nombre de un shaper te sabes unos cuantos. Si te pido el nombre de algún laminador igual te cuesta más pero seguro que has visto algún vídeo de alguien conocido laminando, o sabes la marca de esa peña que lamina como Dios.

Pero si te digo que pienses en algún lijador de tablas no se te ocurre nadie, ni tienes en mente ningún vídeo de algún crack lijando. Y es que a la gente que lija tablas no se les tiene en cuenta, ni se los considera “maestros” ni salen en las revistas ni en las fotos.

Vídeos de peña shapeando foams hay muchos, tanto profesionales como amateurs, videos de peña laminando hay menos pero los hay, y también están reconocidos como “cracks” del  glassing, ¿pero quién lija todo eso?

Shapear y laminar mola mucho, es como dibujar en un lienzo en blanco, dejas rienda suelta a tu imaginación, haces lo que te apetece, llevas las líneas y los colores a tu gusto ¡ERES UN ARTISTA! ¿Pero lijar? ¿Quién quiere lijar?

Lijar no mola, los lijadores no molan, siempre sucios y llenos de polvo, con las manos resecas y los dedos gordos y duros de coger la lija con las manos para adaptarla a la geometría de la superficie a lijar. Nadie te dice que quiere aprender a lijar, ni se graba lijando una tabla entera, a los lijadores no se les reconoce. Al fin y al cabo solo lijan ¿no? … Pues no.


Hay mucho desconocimiento acerca de cómo se debe lijar correctamente. Yo el primero. Pero no se trata de pasar la lija y quitar esos “bultitos” de las tablas y ya. Lijar supone saber con qué lija empezar en cada momento, que número de lija ir saltando en cada paso, que pad utilizar, que densidad usar, que diámetro es el más apropiado en cada caso, que presión ejercer en cada momento, que velocidad dar a la máquina, que velocidad de pasada, cuando lijar a mano o a máquina, cuando en seco o en mojado, rotativa? Orbital? Roto orbital? por no hablar de los tipos de lija y las marcas… ¿Solo eso? No. También tiene un papel muy importante la iluminación para ver con claridad y en todo momento lo que estás haciendo y luego no llevarte sorpresas.


¿Y cómo se aprende todo esto? Pues sencillamente lijando. El truco está en lijar, lijar y lijar, y cuando crees que has terminado volver a lijar. Si tienes suerte y no la has cagado (que la cagarás) y crees que ya lo tienes, vuelve a lijar.

Lijar no es un trabajo creativo, ni agradecido. Tienes que ceñirte a lo que tienes, ajustarte al máximo al shape original de la tabla sin dejar mucha resina pero sin llegar a la fibra, y en muchos casos mejorando el trabajo anterior. El lijador debe ser preciso, metódico y eficaz. Si haces algo mal te puedes cargar todo el trabajo anterior.


Lijar bien no es fácil, saber lijar tampoco, no todo el mundo sabe, hay que “tener mano”. Por eso, esta entrada es un reconocimiento para todos esos currantes lijadores, que en la soledad de una habitación llena de polvo y con el ruido incesante de las máquinas funcionando, trabajan horas y horas para dar valor a un producto del que luego otros se llevarán la fama.

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