martes, 23 de octubre de 2007

La muerte de Dickie Cross

La muerte de Dickie Cross
Por Bruce Jenkins (tal y como se lo contó Woody Brown) Traducción R. Tower. De “The Big Drop” Edit. Falcon.
Sacado del fancine The Lonely Mind (os recomiendo echar un vistazo)

Esta es la historia de la muerte del joven Dickie de 17 años, sucedió un 22 de diciembre de 1943 en el North Shore de Oahu.
(continua...)

En los primeros años cuarenta, Woody Brown vivía sobre el Waikiki Tavern, el epicentro de la cultura y locura. Empezó shapeando tablas, experimentando con diseños y pronto se unió a Wally Froiseth, John Nelly, Fran Heath, Rus Tataki y surferos más jóvenes como George Downing para empezar a explorar el potencial surfero del invierno en el North Shore de Oahu.

“Nadie iba al North Shore” dijo Woody. “ Fuimos los primeros. Froiseth y Nelly me contaron que había olas grandes en lo que ahora es Sunset Beach.” El 22 de diciembre de 1943 Woody y un joven amigo llamado Dickie Cross estaban paseando por la playa en Waikiki,
“…donde no había nada de olas. Así que nos aburrimos. Al final dijimos: ‘vamos a acercarnos a intentarlo’. Así que fuimos al North Shore.” Una vez allí Brown y Cross remaron en Subset hacia un swell creciente. Rara vez alguien había cogido Subset y era solo la tercera o cuarta vez que Woody iba a surfear en el North Shore.


La heroica historia que allí sucedió- relatada en el siguiente relato desde la cruda perspectiva de Brown-lanzó un velo sobre el surf en el North Shore por casi 15 años. Un puñado de nosotros surfeó en Sunset en los primeros años cuarenta. Fuimos los primeros. El día que mi amigo Dickie Cross perdió la vida fue uno de los más grandes que he visto jamás, El swell llegaba con seis metros o más. Andando el tiempo este fue uno de los swells más grandes de la historia. Barrió el antiguo restaurante Haleiwa y provocó muchos daños a ambos lados de la autopista. Pero nosotros no teníamos ni idea de que se pondría así de grande. Parecía que el canal de Sunset se podía atravesar en medio de la bahía, así que nos pareció que era seguro entrar. Eran las últimas horas de la tarde y estábamos completamente solos ahí fuera.



Justo cuando pasamos la rompiente apareció en el horizonte una serie tremenda, como a kilómetro y medio. Parecía tener treinta metros de agua. Era, por lo que podíamos ver, una sola ola recorriendo todo el camino desde Sunset hasta Waimea. Aquí estamos, sentados en el outside de una rompiente de seis metros pero en el inside de esta ola. Nos dijimos: “ya está, se acabó”.

La ola llegó, pero resultó que había un gran agujero en el arrecife y la ola se disipó en el medio. Entonces nos dimos cuenta: “eh, todavía estamos vivos, vámonos de aquí zumbando”. Pensamos que si perdíamos las tablas saliendo por la espuma nunca llegaríamos, así que remamos como locos en el canal durante cerca de veinte minutos. Al final Dickie se sentó en la tabla a descansar.


“¿Sabes donde estamos, verdad?” dijo.

Y yo lo sabía.

No nos habíamos movido absolutamente nada. Estábamos exactamente en el mismo lugar donde empezamos y estaba empezando a oscurecer, con grandes series llegando cada diez minutos. No sabíamos que hacer, así que al final decidimos esperar a que pasase la siguiente serie –lo que pasaría en unos diez minutos- y después remar como posesos para llegar al outside, remar siguiendo la costa y salir a Waimea. Recordábamos que al pasar por Waimea antes de entrar al agua las olas sólo median seis metros y toda la bahía estaba abierta ¿No? Solo rompía el pico, más o menos. Pensamos que podríamos salir por allí, por la gran rompiente de la playa.

Pero no funcionó así.

Conforme empezábamos la remada de seis kilómetros y medio hasta Waimea siguió subiendo más y más. Las olas cayeron sobre el restaurante Haleiwa y arrasaron la carretera en Sunset. Eran las olas más grandes que había habido por allí en años, y estábamos atrapados allí dentro. George Downing jura que las olas de ese día medían doce metros, rompiendo sobre una cornisa a veinticuatro de profundidad, y creo que podían, con facilidad, ser así de grandes.

En cualquier caso salimos bien, pasamos las series grandes de Sunset y empezamos a remar siguiendo la costa hacia Waimea. Dickie no tenía más de diecisiete años, era un jovencito con narices. Remamos y Dickie seguía acercándose a la costa, yo miraba hacía allí mientras remábamos y le decía que mirase, que las olas estaban rompiendo siguiendo una línea donde estábamos, por delante y por detrás de nosotros.

“Estamos justo en la línea de esta rompiente asesina. Lo mejor sería entrar más, ya.”

-“No, no, no.” dijo Dickie. “Así está bien.” El no iba a entrar más. Yo podía ver que estábamos en un cementerio, así que me dí la vuelta y le dije: “bueno, yo me voy más para adentro ¡Vamos!” Me metí unas cien yardas más que él y seguimos remando así, cada uno a un lado. Entonces pasó lo que yo temía: llegó una serie a donde estábamos nosotros – una serie grande, tremenda. Entre nosotros y el horizonte una gran escalera azul hasta donde alcanzaba la vista, toda ella ascendente. ¡Oh tío! Remé con todas mis fuerzas. Podías dar diez fuertes brazadas y seguirías subiendo aún por la pared de la ola. Pasé sobre ellas- sobre toda la serie- y me senté y busqué a Dickie ¡Porque estaba más fuera que yo! No pude verle porque las olas estaban en medio. Entonces, sobre la última ola lo ví pasar por encima, estaba tan vertical que el y su tabla volaron por el dorso, su tabla debió volar unos dieciocho metros.

Dickie se aferró a su tabla, nadó hasta mí y dije: “¿Dickie, piensas de verdad que podrías haber sobrevivido a eso?”. Contestó: “¡No, demonios!” y le pregunté la altura que pensaba que tenían aquellas olas, llegamos a la conclusión de que medían dieciocho metros. Seguimos remando siguiendo la costa y Dickie estaba a mi lado, pero cuando nos acercamos a Waimea empezó a salir otra vez, le dije que no lo hiciera, porque habíamos acordado que al centro de la bahía, donde estaríamos seguros, sentarnos allí y mirar las series pasar para ver que aspecto tenían, después podríamos intentar decidir por donde salir.

¡Pero no! Dickie empezó a atajar hacia fuera y yo le grité que no saliera por ahí, que fuéramos al centro.

Me dijo que no y continuó.

Simplemente no me prestaría atención. Parecía que fuera su hora, como si algo lo estuviera llamando ¿Sabes? Fíjate en como se estaba comportando: casi lo cogen las olas y había admitido que no podría haber sobrevivido y seguía insistiendo en salir por donde pudiera, otra vez.

Cuando llegamos al pico estaban rompiendo olas de seis metros. Llegarían series grandes cada diez minutos. Una y otra vez veía a Dickie pasar esas series y bajar desde la cresta y parecía que estaba intentando cogerlas. Era lo único que podía pensar.

Al final pasó por encima de uno de aquellos monstruos y perdió la tabla “¡Vaya, chaval!” Pensé. “¡Los dos en mi pequeña tabla!” Estaba exhausto. ¿Dos tíos en una tabla? Me pregunté que esperanza nos quedaba.

Le grité que nadase hacia mí. Me contestó y oí algo así como: “No puedo Woody, estoy demasiado cansado” Así lo oí. Pero entonces empezó a nadar hacia mí, así que remé para recogerle, para subirlo a mi tabla. En un momento así, con esas enormes olas rompiendo, no paras de mirar hacia fuera. Tienes los ojos siempre allí y nunca te sientes a salvo. Así que así remaba, con un ojo en el outside y otro en Dickie. De pronto vimos aquellas sombrías montañas acercándose por el agua azul, ahí fuera, apilándose una sobre otra.

Me giré y nadé con todas mis fuerzas hacia ellas porque pensé que si también perdía mi tabla no tendríamos ninguna oportunidad. ¿Dos tíos nadando en esas condiciones? Nuestra única esperanza era conservar la tabla que nos quedaba. Así que me giré y nadé hacía la primera ola, esta seguía haciéndose más grande, vertical, alta y formando algo de espuma en la cresta. Bueno, comprendí que no íbamos a lograrlo - ya sabes, la ola ya tenía la cresta rompiendo. Más tarde la gente que había en la playa dijo que medía doce metros. Lancé mi tabla y buceé hacia el fondo. Esa es tu única oportunidad con una ola de ese tamaño, sumergirte en aguas profundas.

Podía sumergirme nueve metros sin problemas en aquella época. Lo hacía con regularidad, pesca submarina, pero esta era una experiencia nueva. Estaba en un agua azul y limpia, pero tiraba de mí hacia el fondo, estaba muy profundo, veía la espuma pasar por encima de mí. De vez en cuando llegaba a la superficie, en realidad no tengo ni idea de cómo. Así pasó la serie entera. Busqué muy nervioso a Dickie, pero ya no estaba allí. Esa fue la última vez que le vi.


Estaba oscureciendo y pensaba en los tiburones. Pensé: que más da, voy a morir de todas formas, podría intentar salir nadando, y me quité el bañador para reducir el rozamiento con el agua. Quiero decir ¿Tiburones? A estas alturas
¿Qué más daba? Llegó otra serie, rompiendo a unos noventa metros de mí, recibí otro terrible revolcón. Estaba ahí abajo, sabes, bajo el agua, donde no sabes que está arriba, debajo, a los lados, nada. Pero, mientras pasaba la serie, buceaba cada vez un poco más profundo, me di cuenta de que me estaba empujando.

Cuando llegué al inside ví como se movía la corriente, igual que un río furioso, a lo largo de la playa. Sabía que si me pasaba (hacia las rocas) volvería a empujarme hacia dentro. Luché con todas mis fuerzas. De alguna forma, casi inconsciente, llegué a la arena y me arrastré por la playa a cuatro patas.


Nunca encontramos ni un trozo de Dickie. Simplemente se desvaneció. Sí que encontramos la tabla, reducida a pedazos. Hablé con un tipo del ejército que había estado en la playa aquella noche y me dijo: “No vimos a aquel otro chico hasta que lo arrolló aquella última gran ola.” Estas fueron sus palabras:
“arrollado en aquella última gran ola.” Basándome en aquello me imaginé que Dickie –que tenía muchas agallas- había intentado hacer bodysurf en esa ola. El hecho de que lo arrollara sólo podría significar que estaba en el tubo ¿No?
¿De qué otra forma lo expresarías? Así que pensé que lo había intentado. Hasta hoy pensar en eso me da escalofríos. ¿ Por qué no buceó y ya está? Siempre me lo preguntaré…
Nunca volví a ser el mismo después de aquello. Pasaron un mes o dos antes de pudiera surfear incluso en Waikiki, y desde aquel momento encontré Makaha más de mi gusto. Por supuesto volví al North Shore, pero nunca con el mismo viejo fuego.

Este es el recorrido que tuvieron que hacer:


4 comentarios:

Bam_vlc dijo...

Yo ya habia leido esta historia antes de estar en Hawaii y ahora me ha impactado mucho mas pues he estado en esas playas.Hay por lo menos 3 millas desde sunset a waimea 3 millas son casi 5 km! he visto el pueblo de haleiwa y la "autopista" de sunset que viene desde haleiwa y puedo imaginarme la salvajada de olas que habria ese dia alli para destrozar el restaurante de haleiwa y que las olas llegaran a la carretera.

Muy buena Historia

Rafa dijo...

Impresionante historia, no puedo decir otra cosa.

Piscator dijo...

Hola.

Un pequeño comentario, veo que has sacado este texto de una publicación que se llama The Lonely Mind. Yo soy uno de los editores. No pasa nada, pero ya que nos lee tan poca gente, nos haría ilusion que no solo citaras al traductor, sino de paso el fanzine.

http://www.thelonelymind.org

Saludos, y felicidades por el blog, esta muy bien.

radesega dijo...

Por supuesto Piscator! ahora mismo añado un enlace al fancine.
En este caso la entrada no la hice yo, es de uno de los colaboradores del blog.
Me alegro que te guste el blog y agradezco tu comentário.
salu2!


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